Pérdida de audición: una solución sencilla para la causa más común

La pérdida de audición es un pequeño problema que les ocurre a muchos niños, por motivos varios, de difícil detección, especialmente si es leve o moderada, pero que se puede solucionar fácilmente una vez detectada.

Cuando los niños son muy pequeños, es difícil para su madres y padres, y mucho más difícil para sus pediatras, detectar si están sufriendo una pérdida de audición. En la fase en la que todavía no han desarrollado el lenguaje, son pocas las pistas que nos pueden indicar si el niño tiene una pérdida de audición leve o moderada sin una prueba médica.

Sin embargo, sufrirla puede entorpecer precisamente el proceso de desarrollo del lenguaje, y aunque quizá su manifestación sea muy sutil, es para el pequeño realmente molesto. En edades posteriores, puede ser una barrera para la comunicación con su alrededor, un freno a la hora de establecer los primeros amigos, y una dificultad añadida para el niño en el incorporación a la escuela, que naturalmente los niños superarán, aunque no sin un sobreesfuerzo por su parte.

Otitis, la causa más común de la pérdida de audición

otitis
Lo primero que nos puede empezar a sospechar que nuestro hijo no oye bien son las otitis frecuentes o no tan frecuentes pero más graves. Es la causa más común en niños pequeños de la pérdida de audición. Éstas infecciones provocan que se acumule líquido en el oído medio que no es capaz de salir por si sólo y su consecuencia es que el niño no oiga bien.

La acumulación de líquido en el oído puede ocurrir como consecuencia de otras patologías, como por ejemplo pequeños defectos congénitos, que no suele ser tan habitual y mucho más difíciles de detectar, o eventualmente enfermedades más graves que el médico diagnosticará debidamente.

“Mi hijo se pasa el día diciendo qué?”

Niño con pérdida de audición
Otra pista detectable en niños que ya empiezan a hablar con soltura es el hecho de nos repita “qué?” o “cómo?” constantemente. Ésta es una pista que hay que observar muy atentamente ya que los niños en estas edades no dominan todavía el lenguaje ni tampoco pueden distinguir si el problema es que no oyen bien o simplemente no entienden el significado de ciertas palabras.

En este caso habrá que estar muy atento a la evolución del niño, tanto en casa como en la escuela, y observar si el niño aprende palabras nuevas con facilidad, se comunica fácilmente con sus compañeros y atiende/entiende bien las explicaciones de los maestros y educadores.

La Audiometría

Audiometría
A partir de los 4 años, una prueba médica, la audiometría, nos puede sacar de dudas fácilmente. Se trata de medir la capacidad de cada oído de percibir las vibraciones de diversas bandas del espectro audible y se realiza de manera rápida e indolora con una alta fiabilidad.

Sólo se trata de colocar unos cascos al niño, emitir sonidos de mayor a menor volumen y que el niño levante la mano cada vez que los oiga. Para ello se necesita la colaboración del pequeño paciente para que esté muy atento. Una vez confirmada la intensidad, moderada, leve o severa, y la causa, acumulación de líquido, el especialista otorrino determinará la conveniencia de realizar un drenaje timpánico.

Drenaje timpánico: una pequeña intervención que es una gran ayuda

Drenaje Timpánico
El drenaje timpánico es una intervención sencilla dónde el especialista coloca un tubo en forma de diábolo en el tímpano, de manera que comunica el oído medio con el oído externo y permite limpiar el líquido acumulado y que siga saliendo a medida que vaya apareciendo más.

Se realiza con anestesia total y de manera ambulatoria y los riesgos que conlleva son los habituales relacionados con la anestesia. No es dolorosa para el niño y sus efectos son inmediatos: al día siguiente el niño oye mejor.

Es habitual que los drenajes se desprendan después de un año, 18 meses o dos años después de la intervención. Durante este tiempo será necesario que el niño tenga cuidado con el agua y lleve tapones en los oídos para bañarse a la piscina o el mar.

Ésta no es una solución definitiva para niños que sufren muchas infecciones, pero habitualmente durante este tiempo se suele solucionar la causa subyacente que las provoca, ya sea porque el niño adquiere más resistencia al crecer, o porque el especialista diagnostique y trate cualquier otro tipo de patología que las provoque.

En definitiva, una pequeña intervención que mejorará notablemente la calidad de vida de nuestro hijo y le ahorrará muchos esfuerzos adicionales durante el largo proceso de aprendizaje que supone la infancia.

Más información: tuotromedico.com

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