El mejor hospital del mundo

Hay un hospital materno-infantil en la província de Barcelona, cuyo nombre sí me acuerdo y además lo digo: Hospital Sant Joan de Déu, que solía ser para mí el mejor del mundo.
Lo conozco bien, desde hace 5 años he pasado temporadas allí, con mis hijos (antes y después de nacer). He sido paciente de muchos de sus servicios, de manera reiterada, lo que me ha dado la oportunidad de conocerlos.
Hace sólo tres meses preconizaba la excelencia de todos sus profesionales. Ésta es una frase muy contundente. Y era verdad. Desde el jefe del servicio hasta la última auxiliar pasando por los medicos adjuntos, los residentes, los enfermeros, TODOS los que yo conocí eran el tipo de profesional que ya quisiera yo para mí.
Amplios conocimientos, experiencia, los mejores equipamientos, y sobretodo la voluntad de dar lo mejor de sí mismos en cada caso unido a una sensibilidad extrema con el trato con el paciente hacen que delante una situación preocupante éste sea el hospital donde quiero que traten a mis hijos. Y, créanme, cuando se trata de la salud de nuestros hijos podemos ser el cliente más exigente del mundo.
Pero llegó la decepción. En las revisiones anuales (que son unas cuantas: pediatras, especialistas, etc…) 3 de las visitas fueron mal.

En la primera no le dí importancia, se confundieron de apellido y estaban consultando y rellenando un historial que no era. Alguien se equivocó. En aquél momento lo realmente importante para nosostros era la nueva máquina que utilizaron para la revisión, sustituyendo una prueba de 1 hora molesta y angustiante para un niño por un simple click. De qué sirvió la inversión, si se apuntó el resultado de manera ininteligible en una hoja suelta?
En la segunda prueba pasó algo similar. No se confundieron de historial, simplemente se lo olvidaron. Por lo que nos encontramos delante un pediatra que tenía que hacer un seguimiento de varios temas que contaba sólo con una hoja en blanco. Sería el mismo alguien el que se equivocó? Afortunadamente, la profesionalidad de la pediatra y mi memoria rellenaron el vacío. Pero aún le estoy dando vueltas al tema, qué me olvidé? qué palabra técnica cambié por otra, ambas para mí igual de indiferentes?
Y la tercera es consecuencia de la primera. Ante uno de los servicios estrella del hospital, y también estrella para mí por la virguería que le hicieron a mi retoño al poco de nacer, un profesional veterano no supo interpretar los resultados de una prueba escritos en una hoja suelta con letra de médico. El resultado, una hora esperando dentro de una consulta pequeña y llena de libros, papeles y trastos varios (con el niño, claro) a por una llamada que nos diera una respuesta tan simple cómo la que esperábamos: NORMAL. Palabra que SÍ estaba escrita en la hoja suelta, que YO podía leer al revés desde el otro lado de la mesa. Pero el profesional veterano utilizó sus esfuerzos y capacidad para quejarse del servicio del cuál anhelábamos la respuesta en general y del profesional que la escribió en concreto. Feo.
Después de unas semanas, cuando el enfado ya se ha ido y la salud evidente de los niños disipa todas las dudas, saco varias conclusiones:
1.- El hospital se ha quedado a medias en la gestión de su inversión. Tiene los profesionales de más alto nivel que se pueden encontrar (créanme, he visto muchos profesionales en muchos campos) casi siempre. Utilizan los equipos más modernos y las técnicas más avanzadas para realizar diagnósticos rápidos y acertados, y aplicar el tratamiento con máxima eficiencia. Pero los deficientes sistemas de comunicación entre ellos inutilizan todo el esfuerzo realizado localmente. Necesitan un programa informático? (conozco a alguien que podría….)
2.- Elija el profesional que tiene delante. Decida si le gusta su sistema. No hay lugar para cuestionarse su trabajo: no somos médicos, ellos sí. Podemos estar seguros que nuestros hijos tendrán el mejor tratamiento, pero puede no gustarnos el profesional en concreto. Pida otra visita y quédese tranquilo, a veces el mismo contenido en otro continente puede darnos una mayor confianza. Ésta es nuestra responsabilidad con nuestros niños, nuestro trabajo, no lo dude ni un momento.
3.- Lo más importante: nuestros niños son un libro abierto para nosotros. Léa. Allí están las respuestas a todas nuestras dudas. Nuestra observación en el día a día es la técnica más perfecta para saber cuándo, dónde y cómo tenemos que preocuparnos.

Por último, sólo decir que las últimas experiencias no han cambiado mi opinión del hospital. Es el mejor hospital del mundo. Han salvado la vida a mis hijos, des de los jefes de servicio hasta el último auxiliar. Seguiré acudiendo con total confianza, sólo espero que solucionen sus pequeños probemas de comunicación.
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